Presentación de “Cada noche, cada noche”, de Lola López Mondéjar, por Clara Obligado

cadanochecadanochePresentación de “Cada noche, cada noche” (Ed. Siruela), de Lola López Mondéjar, por Clara Obligado.

Lolita es una gran novela, pero no es “mi” gran novela. Admiro su comienzo, quizá uno de los más bellos de la historia de literatura, pero nunca he podido entrar sin sentirme más que incómoda en la perspectiva propuesta por Nabokov. Siempre fue, para mi, la historia de una pasión vivida por un tipo que no tiene alma. Una pasión tediosa y penosa, repetitiva, asimétrica. Entiendo que el cine haya creado Lolitas que son mujeres, y no la niña que era en realidad Dolores, porque esta idea es casi insoportable, y el arte tiene sus disfraces.

Lola López Mondéjar ha desvestido a dos personajes de la literatura. O quizá a uno solo, y le ha dado voz a quien permanecía en silencio. Ha girado un texto escrito en masculino singular hacia otro, que narra en femenino plural. Es un trabajo intertextual fascinante, y del que creo que hablaremos mucho esta noche. Leer es releer. Escribir, es reescribir. Vivimos en la época en la que ciertas fronteras se afianzan, o buscan afianzarse, mientras otras se disuelven. La literatura, que siempre es, de alguna manera, profeta, ha disuelto los límites de los géneros hace décadas. Los límites entre la ficción y el ensayo son permanentes en el texto, y se trata, además, de un ensayo en el que los personajes, terapeutas de sí mismos, se analiza y auto analizan. Pero no me voy a centrar en esto.

Hay libros que consolidan a un autor, y este es uno de ellos, donde las dos ramas de trabajo de Lola confluyen sin superponerse. Así el lector, mientras lee, se ve impelido a observar y, mientras observa, se ve impelido a analizar y a analizarse. Yo ya presenté este libro en Murcia, y ahora, si Lola me lo permite, voy a hacerlo de otra manera, centrándome no en lo que es usual en una presentación, es decir, en el halago y el aplauso, sino en los problemas que este libro me ha llevado a pensar, en las cosas que, desde que lo leí, me cuestiono.

En la autora está siempre presente una pregunta casi desgarrada sobre las relaciones familiares. ¿Es esta una novela sobre la óptica de las mujeres? ¿La necesidad en indagar las relaciones entre madre e hija, o más bien, una búsqueda de comprensión entre madres e hijas, la necesidad de explicarles a ellas, la vida misteriosa de sus progenitoras? ¿Propone, la autora, un intento de concordia, en el sentido etimológico del término, es decir, busca poner los corazones en común, en una relación tan compleja como esta? Otro tema muy interesante, pero en el que tampoco me voy a centrar.

Lo que me interesa es lo siguiente: convertir al otro en objeto, como sucede con Lolita, ¿es también una metáfora de otros abusos, otras violaciones? Y aquí me gustaría señalar un tema que, bajo mi punto de vista, es central en “Cada noche, cada noche”: la necesidad de infligir sufrimiento al débil, el abuso de poder. Dice Lola en una entrevista:

 

“Porque la interpretación como “amor” de un relato de abuso y de relación de poder, asimétrica y forzada, entre un adulto de cuarenta y una niña de doce años me parecía un síntoma más de una sociedad patriarcal, con una hegemonía absoluta de la mirada del hombre sobre la mujer, y del adulto sobre el niño, y una negación de ambos. “Lolita” es una novela que lleva el nombre de una niña cuyo interior desconocemos, pues es la voz de Humbert, su raptor, quien nos seduce y nos hace seguir su historia desde su perspectiva. Yo quise darle a la niña una subjetividad, darle voz, a partir de sus diarios y de la investigación que lleva a cabo su hija. Y cuando la niña toma voz el mito de la nínfula se desmorona”.

 

Y nos damos de cabeza con uno de los temas más inquietantes que, bajo mi punto de vista, del texto: el tema del mal, y su inherente asimetría. Maldad, patología, sentimientos, tan presentes en la obra de Lola López Mondéjar son analizados como esos peces que buscan en el barro y que remueven la suciedad y la belleza. ¿El sentimiento mudo de los peces? ¿Somos los escritores submarinistas?

El escritor es, o yo creo que debería ser, de alguna manera, un marginado de la tribu, alguien capaz de mostrar lo que no se quiere ver. ¿Qué es lo que subyace bajo la conducta de H.H.? HH. No es un monstruo, de la misma manera que quienes se quedan con los fondos de los jubilados o contaminan el planeta pueden ser seres amabilísimos. Si fuera un monstruo, todo sería mucho más sencillo. El tema del mal es, en nuestra época, y bajo mi punto de vista, quizá el más inquietante. Mal radical, como quería Kant, …o la banalidad del mal, de la que hablaba Hannah Arendt. ¿Se trata de la eterna dicotomía entre civilización y barbarie? ¿Cómo escapar de ello?

En todo caso, el mal es una sombra que la razón no ha podido desterrar. El problema es que hemos relegado las virtudes al ámbito de lo privado aceptando que la bestialidad estará siempre del lado de lo público, y así la historia de la humanidad parece la historia de una permanente rapiña. Y vuelvo a la novela.

¿Qué es el Mal, para la psicoanalista que también es Lola López Mondéjar? Porque, en realidad, la novela parece hablar, en último término, de la violencia que ejerce el más fuerte sobre el más débil, el poderoso sobre quien no tiene recursos, la cultura patriarcal sobre las mujeres. Habla, también, de cómo resulta imposible separar la moral del poder. Resulta demasiado complejo analizar el mal en la literatura, aunque permanentemente los escritores nos hemos ocupado del tema.

Quizá este libro, y otros, nos dicen que la única forma de aproximarnos al tema no es considerar el mal como algo abstracto y poderoso, sino que necesitamos encarnarlo, porque es más bien es algo que ejerce un tipo tan anodino como H.H. O como el propio Eichmann, si sumáramos a mi voz la voz de Hannah Arendt.

En realidad, pienso, sólo si podemos analizar lo peor con la cabeza fría, podremos avanzar hacia lo mejor. Y aquí me gustaría hacer un puente con un filósofo que me gusta mucho, y que ha profundizado sobre el tema. Para Terry Eagleton sólo aquél que tiene conciencia de su mortalidad puede tener, también, tal vez, conciencia de la solidaridad. Es decir, no podríamos avanzar sin la empatía. Una empatía que Nabokov, desde las terribles armas del escritor, nos obliga a sentir con respecto a H.H y no con respecto a Lolita. ¿Y por qué? Por algo tan sencillo como que la novela está escrita en primera persona, y es imposible sustraerse de la óptica y de la empatía hacia el vejador. Pero dejemos esto aquí, para entrar en otro de los grandes temas del libro de Lola: tan lejos va la novela que la última pregunta se refiere a las formas de morir. ¿Qué es morir? ¿Un acto consciente? ¿Una abdicación? En la protagonista hay un intento de hacerse con alguna forma de control de este acto que nos es impuesto.

Lola ha dicho en muchas entrevistas que Nabokov hubiera querido que se hiciera esta lectura de la novela. Yo no lo sé. Pero sí creo que a él le hubiera gustado ver que su texto sigue levantando pasiones. Personalmente, nunca he podido leer Lolita como una novela erótica, y tiendo a revisitar las obras de Nabokov consideradas menores. Bajo mi punto de vista, creo que es un autor que debe ser releído como un transterrado, y no como el gran patriarca creador y misógino que también fue.

Hay cosas que envejecen, y envejecen mal. Una es la literatura relacionada con el racismo y lo colonial, otra es la literatura misógina. En todo caso, creo que se escribe, también, para paliar las carencias de los libros que admiramos, para completar un hueco en el pensamiento de alguno de los dioses de nuestro pequeño parnaso. Escribimos lo que falta. Lo que queremos corregir. Lo cierto es que la recepción de ”Lolita”, ese silencio sobre lo que sucedía cada noche, cada noche, es un espejo en el que nos cuesta mirarnos y agradezco a Lola que nos haya acercado a la obra desde la mirada de una Dolores autónoma y autosuficiente, que disfruta del estudio y de la curiosidad intelectual. Y queda allí, picando, una pregunta. ¿Durante cuántas generaciones arrastraremos los conflictos de los que nos precedieron? ¿Es el pensamiento posible para las mujeres solamente si difuminamos nuestra sexualidad? ¿Es imposible escapar del designio de las familias? Espero, sinceramente, que no sea así. Muchas preguntas en un solo libro. Gracias, Lola, por esta gran novela, a la que seguiremos, sin duda, interrogando durante mucho tiempo.

 

Madrid, Librería Alberti, viernes 20 de mayo de 2016.  

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