Nueve razones para leer a Inmaculada Castellote. Por Clara Obligado.

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Razón 1

Porque cuando uno peina canas, y sigue haciendo lo que hacía desde siempre, es porque le encanta y es muy posible que lo haga bien. Todos sabemos que la escritura no es para cobardes, necesita músculo, creatividad, experiencia y disciplina.  Por eso “el pez volador” en lugar de lanzarse en la búsqueda y pesca de jóvenes nadadores, de esos que hacen las delicias del mercado, valora la literatura sin relacionarla con la edad y permite que se sumen a la edición talentos añejados en cubas de roble, vinos con solera. La juventud, sin duda, es un valor de agilidad y belleza, la madurez, de sabiduría. Es decir, editamos este libro porque lo merece, sin apoyarnos, como suele hacerse, en un simple criterio comercial.

 

 Razón 2

 

Porque en lo pequeño está lo grande. En el cuento está la gran novela de la vida, en las vidas sencillas, la complejidad de la existencia, en la complejidad de la existencia planteada sin bullanguerías, la buena literatura. Y, en la buena literatura, como todo el mundo sabe, los secretos del universo.

 

Razón 3

 

Porque si usted es un transeúnte y, por la calle, se encuentra a una mujer que escribe sobre la tapa de un tacho de la basura y se pregunta por qué lo hace, si ve en la cola del supermercado a una anciana que le llama la atención si, un día cualquiera, se pone a pensar en la monotonía de las parejas que permanecen juntas sólo por costumbre, si cree que algo tan simple como tomar un vermú puede convertirse en aventura, si piensa que todas esas pequeñas historias merecen ser contadas porque en ellas se esconde algo importante, si valora el humor, la precisión del lenguaje, los ángulos de acercamiento peculiares y la filosofía de lo sencillo, si, además, piensa que la poesía impregna lo cotidiano entonces, querido lector, está usted ante el libro adecuado.

 

Razón 4

 

Porque cuando una poeta como Inmaculada Castellote se lanza a escribir ficción y no lo hace desde la soflama, la solemnidad o la marea de adjetivos que ahogan cualquier texto, cuando alguien avezado en el control de la palabra exacta o de la imagen pertinente, cuando alguien, porque ese es su oficio, retuerce nuestro idioma hasta estrujarle los sentimientos más profundos y los lleva a una historia, es probable que lo haga muy bien.

 

Razón 5:

 

Porque el libro abulta poco y es fácil de llevar en medios de transporte, ligero como una pluma, o como una hoja de otoño que cae por la portada. Y si usted viaja en un medio de transporte abarrotado como los que, en los últimos tiempos, nos dedica Madrid, estaría bien que saque del bolsillo o del bolso una hermosa historia paralela que lo liberará de apretones y codazos.

 

Razón 6:

 

Porque somos nosotros quienes la recomendamos y les aseguro, queridos amigos, que somos buenos catadores literarios, y una buena recomendación vale más que cien novedades. Y qué van a hacer ustedes, díganme, qué van a hacer en este fin de semana madrileño congelado, sino quedarse en casa abrigaditos, en soledad o en compañía, y servirse un una gran copa un buen cuento de Inmaculada Castellote, y leerse, lentamente, un buen vaso de buen vino.

 

Razón 7:

 

Porque en este acto solemne, aquí, en Lavapiés, en esta librería que, contra viento y marea, planta su entusiasmo en mitad de la marejada de una crisis, es bueno reconocer lo que tenemos, y apoyar a los que, pese a todo, piensan que el arte vale la pena y que los libros nos salvan. Burma, una librería que hoy me parece una balsa confortable sobre la que treparnos cuando se presiente el naufragio, un punto de reflexión y de optimismo en medio del oleaje cotidiano, así de balsa es, me parece, este rato que pasamos juntos en esta librería donde se crean espacios y mundos paralelos en los que podemos pasar un rato juntos y reflexionar. Sin libreros como estos, los escritores estaríamos perdidos.

 

Razón 8

 

Porque la condición de Transeúnte es tal vez una buena definición de la existencia y del estado de las cosas, es una liviandad y una filosofía, una manera libre de vivir sin tomarse demasiado en serio la propia existencia, una manera de abolir las fronteras. Digamos, pues, que dar como título a un libro la palabra “Transeúntes” es, de alguna manera, una declaración de principios.

 

Razón 9

 

Porque somos sus amigos, todos los que estamos aquí, probablemente, somos amigos de la autora y, a los amigos, simplemente se los apoya. Porque la conocemos hace mucho, y sabemos qué clase de persona es. Inmaculada Castellote estudió en mis talleres hace muchos, pero muchísimos años y allí nos pusimos de acuerdo sobre algunos principios de la escritura, de entonces recuerdo su carácter tan polémico como entusiasta. Con mi sobrino, Juan Isaguirre, corrigió sus poemas, con mi hermana, María Obligado, que vive en Buenos Aires, siguió un intercambio a distancia cuando ella misma, Inma, quiero decir, dejó Madrid para irse a Alfaz del Pi. Y pasaron los años para que finalmente nos llegara este magnífico libro de cuentos, que editó con mi hija Camila, aquí presente. Y, con Myriam Cea, que también es de la casa, pergeñó esta portada tan evocadora. También la visitamos en Alfaz del Pi, donde presentó mi libro y tanto a mi marido como a mi nos hizo pasar un fin de semana entrañable. Todo va y viene, todo se mezcla en la vida cuando está la literatura de por medio. Todo va y viene cuando la escritura vale la pena y nos reúne, pase lo que pase, estemos donde estemos. O sea, qué más voy a decirles, señores y señoras, lean a Inmaculada Castellote, no sólo porque su libro lo merece, sino porque es como de la familia.  Muchas gracias a Inma por este libro, y sólo nos queda desearte, en esta ceremonia de bautizo, que escribas muchos más

 

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