“La muerte juega a los dados” en El Cultural de El Mundo.

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La muerte juega a los dados
Clara Obligado

Páginas de Espuma. Madrid, 2015. 228 páginas, 17 euros

PILAR CASTRO | 24/04/2015 | Edición impresa

Realmente, empieza a ser más que evidente que la fórmula narrativa del cuento cobra especial entidad en la voz de Clara Obligado. Ya la conocen: argentina (1950), exiliada en España desde 1976, narradora, ensayista, y autora de destacados títulos novelescos (La hija de Marx, Si un hombre vivo te hace llorar) y de relatos breves contenidos en libros irrepetibles, por su intensidad emocional y su exquisita expresión poética, como Las otras vidas (2006) y El libro de los viajes equivocados (2012). Parece que hacia este formato orienta cada vez más su creación esta autora infatigable, que no duda en declararse deudora de los grandes maestros del género, (Chéjov, Cortázar, Proust Cervantes…), quizá más cercana a Alice Munro, quien defendía con su creación este modelo de composición narrativa que, ante la mirada del lector, podía considerarse una historia convertida en cuentos.

La muerte juega a los dados, nuevo libro, enorme y gratificante lectura, confirma esta disposición a no quedarse en los límites que marca el género, a explorar nuevas posibilidades al proponer para este híbrido entre novela y volumen con 18 relatos, un doble itinerario, al arbitrio del lector: disfrutarlo como una novela que deconstruye la historia de la familia Lejárrega a través de tres generaciones (a partir de la muerte de un hombre en su casa, por un disparo), entre Argentina y Europa, desde principios del siglo XX hasta la actualidad; o como una lectura discontinua, no lineal, entretejida con episodios y motivos sobre la vida (la suya), el azar, la memoria de tres generaciones, la historia personal y las sensaciones atrapadas en ella, los afectos que la habitaron, las ideas que le dieron sentido, el exilio que tanto le marcó, la extrañeza de quien no logra superar los embates de otra lengua, o los motivos que subyacen a la razón de inventar ficciones, “¿para atrapar el tiempo perdido?”, o quizá “para darles sentido a los naufragios”. Relatos como “Nada útil”, ”El efecto coliflor”, “La peste”, Europa”, “La huida”, “Las eléctricas” o “Verano” componen una retahíla cautivadora, por esa especial manera de contar lo justo, y a la vez decir tanto…!

Y ahora vayamos con la primera opción, leerlas como una novela en la que Clara Obligado, siempre dispuesta a hablar de otras vidas al tiempo que se incluye entre ellas, hará ahora de su mundo personal, y del peso de historias sin solucionar, el núcleo central de una trama cuidada en cada pormenor argumental y estructural, de modo que su historia familiar sirve de excusa para contar muchas otras cosas de otras tantas vidas. La fórmula expresiva se aproxima a la de propuestas anteriores, prosa sincopada, poética y embaucadora. Pero logra ir más allá al convertir una novela detectivesca en el recurso demostrativo de sus intereses narrativos: es secundario resolver el enigma de quién mató a Héctor Lejárreja (“un simple juego de dados en el que le tocó perder”), frente a qué sucedió, a partir de entonces, a toda esa gente (siempre el énfasis en las mujeres), que se quedó viva.

Territorio impreciso, el de estas ficciones de Clara Obligado, donde se intuye que se siente libre, a gusto, entre sombras del pasado, recuerdos de su infancia, claroscuros y sueños. Un libro digno de una maestra del relato. Una verdadera delicia. ¡No dejen de leerlo!

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