En días tristes, en días duros, cuando no tenemos ganas de salir de casa y encender el televisor es consternarse, nos queda la lectura. Los buenos libros, entre las sábanas, en la mesilla junto al sillón, nos confortan de lo que sucede allí fuera y nos ayudan a pensar. Sigo buceando en Alice Munro, la contundencia de sus textos envuelve los duros perfiles que esconden y, mientras leo, entre matices deslumbrantes, hay una chispa que se enciende y que yo llamo “belleza”. Entonces, por un instante, cobra sentido el sin sentido, el caos se estructura. Como quien cae de un sueño, cierro el libro, vuelvo a la realidad, y pienso en esta literatura mía, en esta literatura nuestra. Mi semejante, mi hermana.

25 respuestas

  1. A mí me acompaña “Leonora” de Elena Poniatowska. Una biografía que es una novela que es retrato de las vanguardias que es eco de las transvanguardias que conozco…

    Muchos ecos en una prosa sutil, medida, franca que desvela desgarros anímicos personales y transpersonales abisales…

    Qué trío: Munro, Leonora, Poniatowska.

    Tarde de lluvia en el sofá.
    Un asomo de desaliento ante mi propia prosa… regusto amargo de “Demasiada felicidad”.

  2. mE ENCANTAN TUS PALABRAS CLARA. SÍ LA LECTURA NOS ABRAZA Y PROTEGE, NOS INSPIRA Y MUEVE. UN REGALO INSUSTITUIBLE.

  3. Los libros son auténticos refugios, abrigos rocosos de papel muy resistentes. Cuando termino de leer alguno de ellos donde he estado especialmente resguardada siempre pienso: !Dios existe! ¡Y ama a los lectores! A los escritores también los ama, pero un poco menos. Mar Horno.

  4. Tiene razón, dios, aunque debería compadecerse un poco de nosotros… ¡Es muy duro escribir, a veces!

  5. Bello texto Clara. Mi aporte, no muy alentador pero cierto, es que el invierno es cruel. Parece que nunca se va y que la tele y la cama son el único refugio existente. Las calles se me vuelven empinadas, la bicicleta acumula polvo grasiento, Yo acumulo kilos, el gato me recuerda que hay un horario de comer, vienen unos hombres a talar todos los árboles – a ras de tronco- que podrían ir alegrándome esta primavera. Este fin del infierno cruel. La tele me salva de tomar ideas de la autopista loca y destructiva que me rodea…

  6. sigue…
    Terrible, pero los muertos de paises lejanos alivian en cierto modo mi angustia.
    Tengo libros en el baño. En mi taller. En la habitación de dormir. En la habitación de mi mujer. Leo al faisán. Leo sobre el perro embalsamado. Leo sobre el doble origen del hombre. Leo los cómicos intentos de bunny suicide. Leo y descifro signos en el gofrado del papel higienico. Y sin embargo, el consuelo me parece muy lejano.

  7. Con lo que dices, recuerdo (la lectura, otra vez), un texto de Doris Lessing, que preguntaba, con su sabiduría de vieja: “¿Por qué la gente piensa que tiene que ser feliz?, ¿Cuándo la felicidad ha acompañado al género humano?”. Lo normal, para la autora, sería entender que la condición humana no tiene nada que ver con el estado de felicidad. La felicidad, sería para ella, un privilegio, que tendríamos que valorar cuando nos toca con “sus alados dedos”. Y, mientras tanto, Sole, nos queda la lectura. Que no es poco.

  8. ¡SÍ!La literatura. Nos permite divertirnos, explicarnos y en momentos de máximo milagro, sentir que nos hablan directamente a lo mas íntimo, aunque jamás vayamos a conocer a quien lo ecribió o haya exixtido siglos atras. Pero para poder seguir leyendo (y esto va por Clara), alguien tiene que seguir creando textos maravillosos llenos de sutileza.

  9. Isabel, me temo que más bien va por ti, ¡enhorabuena! ¿Has visto las novedades? ¿has leído tu correo? Supongo que eres Isagong, si no lo eres, no entenderás nada…

  10. La lectura de “Leonora” me movió tanto el piso que no sé dónde la cabeza, dónde los pies…
    Voy a necesitar una sopa de letras calentita para calmar las entrañas.

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