Charla con Juan Jacinto Muñoz Rengel, en nuestro taller, el miércoles 26 de octubre, de 20 a 22 hs.

¿Qué es el tiempo? Uf. Mal empezamos. A cuántos hombres y mujeres a lo largo de la historia les habrá sobrevenido esa misma paralizante sensación que San Agustín expresó tan lúcidamente: «Cuando no me lo preguntan, lo sé. Cuando me lo preguntan, no lo sé». Porque, si nos paramos a pensarlo un momento, ¿qué es antes?, ¿qué es después?, y sobre todo, ¿qué es ahora? Es más, cómo puedo pararme a pensarlo un momento, si no sé qué demonios es un momento.

La percepción interna del tiempo es algo que se nos escapa, los ahoras se nos escapan entre los dedos, uno tras otro. ¿Es el tiempo sólo eso, un fenómeno de los sentidos? ¿Depende de nosotros, es algo relativo? ¿O por el contrario es absoluto?…

A un lado del ring la concepción cristiana del tiempo, más de quince siglos de peso, pura linealidad, y a sus espaldas todo un equipo de santísimos entrenadores. En la esquina contraria del cuadrilátero, el concepto cíclico del tiempo de los griegos, veinticinco siglos de peso, con su famoso bucle interminable de ganchos y directos, y con el más estelar de los entrenadores, el mismísimo Friedrich Nietzsche y su eterno retorno. To do is to be. En las gradas, Newton, con sus postulados absolutistas, dispuesto a saltar en cuanto se tercie al otro lado de las cuerdas; el señor Kant, con el tiempo y el espacio en los bolsillos del abrigo, como condiciones a priori de la sensibilidad humana: To be is to do; y sentado un poco más arriba, Einstein y su teoría de la relatividad, entre muchos otros destacados asistentes.

El combate promete. Desde luego que promete. Sin embargo, nosotros a veces nos distraemos, hundimos la mano en el bol de las palomitas y nos quedamos un rato pensando en las cosas que de verdad nos preocupan, en nuestras musarañas. En que la vida es relato. En que el relato es tiempo. En que contar bien es desordenar ese tiempo. Y en cómo los desórdenes del tiempo te pueden asaltar en cualquier parte. Un desliz de la memoria, una disfunción de la memoria a corto plazo. Le puede ocurrir a cualquiera, a un hombre que va a ser ahorcado en un puente sobre un río de Alabama, o a un escritor checo que está a punto de ser fusilado por la Gestapo. La eternidad, el viaje en el tiempo, el milagro. ¿O es que acaso no dedicamos gran parte de nuestros momentos presentes a perseguir el tiempo perdido?… O no. O puede que el perseguidor de Cortázar buscara en realidad otra cosa. Quizá buscaba sólo ritmo. Do be do be do. Puede que fuese eso. Quizás el tiempo es movimiento, y música, y literatura, y sólo tenemos que dejarlo fluir por nuestro saxo.

Juan Jacinto Muñoz Rengel

16 respuestas

  1. mmm, no sé si mi comentario tendrá demasiada altura, pero para mi el tiempo es como un queso Gruyère, algo tupido y lleno de agujeros que se comunican entre sí…

  2. Bien, Sole, hoy, las chicas del jueves han hablado con auténtico entusiasmo de tu exposición, te felicito, a ver si tengo tiempo de acercarme…

  3. Precioso el texto de Juan Jacinto. Genial eso del ritmo: do be do be. Seguro que la charla fue interesantísima. Al hilo del tiempo, os dejo un texto que me fascina sobre este tema. Abrazo grande.

    EL RUIDO Y LA FURIA
    Wiliam Faulkner

    Cuando la sombra del marco de la ventana se proyectó sobre las cortinas, eran entre las siete y las ocho en punto y entonces me volví a encontrar a compás, escuchando el reloj. Era el del Abuelo y cuando Padre me lo dio dijo Quentin te entrego el mausoleo de toda esperanza y deseo; casi resulta intolerablemente apropiado que lo utilices para alcanzar el reducto absurdum de toda experiencia humana adaptándolo a tus necesidades del mismo modo que se adaptó a las suyas o a las de su padre. Te lo entrego no para que recuerdes el tiempo, sino para que de vez en cuando lo olvides durante un instante y no agotes tus fuerzas intentando someterlo. Porque nunca se gana una batalla dijo. Ni siquiera se libran. El campo de batalla solamente revela al hombre su propia estupidez y desesperación, y la vicoria es una ilusión de filósofos e imbéciles.

  4. El tiempo hoy: Parcialmente nublado con vientos de resaca y un rayo de sol iluminando la siesta.

    Hablando de tiempos, hay una frase que escucho por todos lados y me recuerda lo caprichosos que somos con el tiempo: “Yo quería”.

    ¡Menudo bucle!

    Hablamos de un futuro pasado cuya inexistencia reside en el presente.

    Creamos un agujero de gusano temporal entre universos inexistentes y somos capaces de darle tanta importancia que ignoramos lo único que si existe, el ahora.

    ¡Yo quería ir el miércoles a la charla! Jejejeje, ahí nos vemos, no pienso perdérmela.

  5. A mi me gustan las condicionales irreales, que son algo así: “si hubiera ido, me lo hubiera pasado muy bien”. No se cumple ni la primera ni la segunda parte de la oración, con lo cual, no ha sucedido nada. No hay tiempo, no hay acción… no pasa nada. Aunque claro, podría haber pasado…

  6. ¡Jopeta! Ahora me doy cuenta de que no sé ni en qué día vivo. Resulta que Juan Jacinto todavía no ha dado su charla y yo ya he dicho en el mensaje anterior que ha debido ser interesantísima. Corrijo: “seguro que será interesantísima”. El tiempo. El dichoso tiempo. Yo, por mi despiste, gracias a este blog y a esta charla, acabo de ganar toda una semana. Feliz.

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