Escribir como las lavanderas.


Se debe escribir del mismo modo en que las lavanderas de Alagoas realizan su labor. Ellas comienzan con una primera lavada, mojan la ropa sucia en la orilla de la laguna o del riachuelo, estrujan las telas, las vuelven a mojar, las vuelven a estrujar. Colocan el añil, enjabonan y estrujan una, dos veces más. Después enjuagan, dan otro remojo más, ahora echando agua con la mano. Golpean la tela sobre la laja o sobre la piedra limpia, y vuelven a retorcerla una y otra vez, la estrujan hasta que del paño no chorree una sola gota. Sólo después de hacer todo eso tienden en la soga la ropa lavada, para que se seque. Pues quien se ponga a escribir debe hacer lo mismo. La palabra no fue hecha para adornar o brillar como un oro falso; la palabra fue hecha para decir.

Graciliano Ramos (Brasil) nació en Quebrangulo, Alagoas, en 1892 y murió en Rio de Janeiro en 1953.

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