Iván Sevillano en “El Asombrario”

 

No me volverás a tocar

Por IVÁN SEVILLANO BUENO

No me volverás a tocar, le dijo ofendida, y cerró la puerta del dormitorio. Él se hizo el indiferente, y regresó a su deambular nocturno y a la libertad de las tabernas. ¿Con qué derecho pretendía ella una renuncia así? ¿Por qué claudicar ante la veleidad femenina? Se prometió ser firme en su decisión y no dejarse avasallar. Fue reforzado por los amigos, que también juraron fidelidad a sus costumbres. La amistad es más libre que el amor, gritaron dándose golpes en el pecho.

La puerta del dormitorio se cerraba siempre tras su regreso, incluso aquellas noches en los que el instinto perseguía la reconciliación.

Luego llegaron las provocaciones, la ropa interior por el suelo, los paseos desnuda y los baños de madrugada.

Lo intentó con el desprecio y el insulto, pero nada cambió. Las incomodidades del sofá las soportaba gracias a la ginebra, esperando que el tiempo solucionara aquella extravagancia. Surgió en sueños la voluptuosidad del cuerpo que se le negaba, los senos que se volvían piedra, y los jadeos convertidos en lava.

Las escapadas al anochecer, cada vez más esporádicas, terminaban en la tortura del salón, y hasta los amigos terminaron por compadecerle.

Ahora, abstemio, es un ser que no abandona la penumbra del pasillo, que suplica tras la puerta, y solloza pidiendo perdón.

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