Instrucciones para deslizarse por un cuento/3, por Carles Távec

INSTRUCCIONES PARA DESLIZARSE POR UN CUENTO

Homenaje al cronopio mayor, Julio Cortázar
Por Carles Tàvec

Cualquier congénere, y más aún quien suele caminar por las veredas o aceras, y hasta calzadas, mientras escribe un mensaje en el celular haciendo caso omiso de transeúntes, semejantes, columnas y carteles, con las consecuencias imaginables, habrá notado que existen letras que combinadas forman palabras que combinadas forman oraciones que combinadas forman párrafos que combinados forman un texto que cuando no cumple una función utilitaria sino estética recibe el nombre de “literatura” Pues bien, si quisiera usted escribir eso, debería adueñarse de las palabras, masticarlas o beberlas para sentirles la consistencia y el gusto, conocer su significado, su función en la oración, y dado que algunas son duras, otras amargas, otras dulces, otras enigmáticas, y no todas combinan entre sí, debería usted buscar asesoramiento en la gramática y sus ayudantes, morfología y sintaxis, para sacarse usted todas las dudas y hasta todas las certezas equivocadas que ha adquirido.
Cuando ya sepa usted escribir “mi mamá me mima, yo amo a mi mamá” podrá comenzar un juego que se llama “leer”, propio de cronopios, y que consiste en abrir un libro y mediante el reconocimiento de cada palabra ir hilando sentidos e ir deslizándose por el texto hacia ese otro mundo creado por el escritor para tomar el lugar de los personajes y vivir las circunstancias que los envuelven. Así podría usted dar La vuelta al día en ochenta mundos, querer mucho a Glenda, o acudir a Los premios sin moverse de su casa. Sepa usted que sin leer mucho y bien cualquier cosa que escriba puede resultar insulsa, renga, raquítica o inconexa.
Ahora puede usted tomar una hoja de papel en blanco, pues en las hojas de los árboles es difícil escribir, y un lápiz o un bolígrafo. Así podrá escribir usted en negro (azul, rojo o verde) sobre blanco, pero también podría usted disponer solo de una hoja de papel de color negro y un lápiz de color blanco, con lo cual escribiría usted en blanco sobre negro. Tampoco debe usted despreciar el ordenador o computadora con su procesador de textos y su posibilidad de guardar el archivo electrónico o escribir diferentes versiones, y también de perderlo todo cuando la máquina se empaca como una mula, pues cambia, todo cambia. No solo debe elegir el color del papel y el instrumento de escribir sin también los personajes, el argumento, el nudo y el desenlace. Procure usted que haya tensión, suspenso y conflicto en la historia, que pueda visualizarse, y que si no hay un giro imprevisto que al menos el final atrape o deje pensando. No sea solemne ni didáctico, y no se preocupe por lo que no pueda entenderse del todo. Déjele un lugar y algún trabajo al lector para que complete lo que falta.
Se sale del cuento cuando se ha realizado alumbrado, barrido y limpieza y ya no admite más borrados ni correcciones, y cuando habiendo sido leído por lectores avezados la historia les resulta verosímil o creíble. Caso contrario, tiene usted a su disposición la tecla “delete” o el consabido y nunca bien ponderado cesto de papeles.

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