Raúl Brasca

    Fui con alguna prevención al taller de Clara Obligado. Es un taller famoso. Había leído en una revista literaria española a un autor que, como si estuviera en falta, decía: “Pues aunque no he ido al taller de Clara Obligado…” Quizá por eso, esperaba encontrarme con una especie de hermandad de las letras. No hubo tal cosa, me encontré con un grupo de gente inteligente e inquieta, pero nada solemne. A poco de llegar, sentí que estaba entre escritores. Lo pasé de lo mejor. Habían leído mi obra, y muy bien. Creo que todo buen taller de escritura, lo es también de lectura. Sobre el final, me mostraron sus libros. Resultaron muy buenos. Incluso tomé de ellos algunas piezas breves para mis antologías. También premié, sin saberlo, a una integrante del taller en un concurso de microrrelatos organizado en Buenos Aires. Lo supe luego por Clara, cuando la ganadora le contó quién había sido el jurado. Hay talleres míticos, sobre todo en México, Madrid y Buenos Aires. El de Clara Obligado integra ese selecto grupo.

    Raúl Brasca. Escritor

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