Eloy Tizón

    En general, vengo observando que mis libros provocan reacciones extremas: o se aman o se odian, no parece haber medias tintas. Ya me he acostumbrado a ello y lo acepto. Cuando Clara me invitó amablemente a participar con una charla en su taller, me advirtió que había división de opiniones, cómo no, a favor y en contra. Reconozco que a estas alturas me da bastante pereza tener que defender mis libros; prefiero que se defiendan solos, o que no se defiendan en absoluto, pero que a mí me dejen al margen; bastante hago ya con escribirlos, para encima tener luego que actuar de abogado defensor. Creo que el lector es libre de aceptar o rechazar y que el papel del autor en ningún caso debe ser el de «explicar», «convencer» a nadie ni mucho menos «vender» (qué horror).
    En cualquier caso, acudí a la charla mentalmente preparado para un debate vivo y participativo, sí, pero que también podría ser, quién sabe, esquizofrénico y tenso. No sucedió nada de eso. En realidad, desde el primer minuto hubo conexión, mucha empatía y críticas tan atinadas que en gran medida yo mismo comparto. Nadie allí hizo «preguntas tontas», sino intervenciones inteligentes, creo que auspiciadas por Clara (que declinó todo protagonismo y se mantuvo en todo momento por voluntad propia en un discreto segundo plano), quien hay que reconocer que hizo un excelente trabajo previo de orientación en el análisis y comprensión lectora.
    Le estoy agradecido por ello, claro está, así como al resto de participantes. El solo hecho de que alguien se tome la molestia de leer un libro mío con cierto interés y dedique tiempo y esfuerzo a sopesarlo, ya me parece algo digno de admiración, casi un pequeño milagro.
    Por tanto, en lo que a mí respecta, sólo puedo decir que la tarde transcurrió de manera gozosa, con su intercambio de experiencias, su complicidad literaria e incluso, en determinados momentos, con su punto de emoción. Guardo un recuerdo hermoso de todo ello.
    Aprovecho estas líneas para mandar un saludo y dar las gracias a todos por vuestra presencia y comentarios, que me ayudaron a entender, como dice Clarice Lispector, «qué pretenden de mí mis libros».

    Eloy Tizón. Escritor

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